Hola, ¿qué tal?
Hola,
¿Qué tal?
Yo estoy bien, sí, bien. Las cosas continúan igual, siguen sin gustarme la
coca-cola y los chicles de menta. Lo único que quizás haya cambiado en mi sea
mi pelo, ha crecido ¿sabes? Ahora está muy largo y algo bonito, aunque mi
flequillo sigue igual de rebelde. He pensado varias veces en echármelo de lado
o hacerle algo “raro” pero no se, me da pena acabar con el flequillo recto que
tanto me ha caracterizado. ¿Y tú? Supongo que sigues igual, con tus bromas, con
tu espíritu libre y con tus canciones. He oído que estas con otra, con otra
chica mucho más agradable que yo. Ya está, ya lo he dicho. No sabía como
introducirlo pero ahí está. No te culpo, no te dí nada y tú buscaste otras
alternativas. Y no me arrepiento, porque prefiero que tus mentiras se las coma
otra ¿sabes? Pretendía ser simpática pero me doliste tanto que se me hace
imposible. Es gracioso, ¿conoces el dicho que dice que del amor al odio solo
hay un paso? Pues a mi se me aplicó bastante rápido. Y no, no te escribo solo
para echarte una especie de bronca, la discusión ya fue cuando tuvo que ser y
las palabras teñidas de odio se quedaron ahí. Te escribo para felicitarte por
tu nueva vida, te escribo para darte las gracias por haberme dejado ahí tirada y
hacerme ver que únicamente me conquistaste con mentiras, te escribo para decirte
que no te echo de menos, te escribo para decirte que soy feliz, aquí, sin ti.
