1 de agosto de 2013

Como un salto en el vacío


Como un salto en el vacío

El camino es largo, y a veces, aburrido. Por eso, de vez en cuando, tenemos que desviarnos y tomar direcciones más complejas...

Hace tres meses se me planteó la posibilidad de pasar tres semanas de julio en Dublín, Irlanda. Sin pensármelo dos veces y sin escuchar lo que me decían los demás, dije que sí. Sabía que iba a ser bueno para mi inglés, y para mí. Pasaron los días, los exámenes y el día de partida se estaba acercando. Yo, cada minuto que pasaba, estaba más arrepentida de haber tomado la decisión de irme. De verdad, no quería ir. No estaba asustada, estaba aterrada.

Pero de que me dí cuenta ya estaba montada en el  avión y a partir de ahí el tiempo empezó a correr a la velocidad de un fórmula uno. La ciudad, la familia, la gente, las risas, el Temple Bar, Grafton Street, la música, el ambiente, todo.

No tengo palabras para describir estas tres semanas en Irlanda. Y no son más, porque ya tenía el billete de vuelta. Son pequeñas cosas de cada día que juntas, me han dejado un buen recuerdo, una bonita experiencia y una horrible nostalgia. He conocido gente increíble y cuando digo increíble, me quedo corta. He pasado momentos inolvidables con personas que me han dejado marca. Me he dado cuenta que detrás de las diferentes culturas, hay personas maravillosas. Y que nunca, hay que juzgar un libro por su portada.

Ahora que he vuelto de esa experiencia, me he dado cuenta que soy más fuerte de lo que pensaba. Siempre he tenido una imagen distorsionada de mí, de mis capacidades y de lo que soy capaz de hacer. A veces solo hace falta salir ahí fuera y ponernos a prueba.

Porque de eso trata la vida, de tomar riesgos.

24 de junio de 2013

La chica que vigila las carteras




La chica que vigila las carteras

Su problema es que no se implica en la vida, en general. Simplemente, se encuentra apartada, mirando a los demás. Retiene información pero no participa. No suele ser la chica a la que eligen. Y si lo hacen, sale corriendo. Su amor no está venta y mucho menos en alquiler. Es un amor en ruinas, no merece la pena pagar por él con caricias o bienes de ese estilo. Demasiado tímida incluso para regalarlo a cualquiera que le guste trasnochar. Quizá sea una chica de locuras, pero de locuras a pequeña escala y muy suyas. También suele ser la chica con la que puedes pasar un buen rato de risas en un banco, pero no desearías despertarte a su lado todas las mañanas. Porque ha perdido la cuenta de las veces que le han dicho “eres la mejor” pero los te quiero puede contarlos con los dedos de una mano.

No le disgusta su forma de ser ni como le hacen frente las personas de su alrededor, aunque un poco más de valor para hacer caso al conocido Carpe Diem no estaría mal. Nick Miller dijo una vez: “si todo el mundo va a la playa y se tira al agua, yo me quedo vigilando las carteras”. Y esta frase podría ir perfectamente escrita en su ADN.

14 de junio de 2013

3 de mayo, en un metro cualquiera




3 de mayo, en un metro cualquiera.

Del amor sabía lo que había leído en las novelas que le regalaba su padre cada mes. Orgullo y prejuicio, sin duda, era la que más le había marcado. Pero aunque compartiera la idea de que las primeras impresiones no siempre son buenas y que muchas veces lo amargo esconde lo dulce, creía también en el amor a primera vista. Cruzarse con un desconocido una tarde de domingo y enamorarse en ese mismo momento no lo veía raro. Quizá nunca más se cruzaría con ese extraño pero las vibraciones que le había trasmitido se convertían en mariposas que no le dejaban dormir durante los tres días siguientes. Y enamorarse de esta forma, se había convertido en su rutina.

Un 3 de mayo, ella estaba en el metro, leyendo por quinta vez el libro dicho más arriba y sólo levantaba la vista para asegurarse que su parada no había pasado. ¿Casualidad? ¿Estaría escrito? No lo sé. Sólo sé que entró en aquel viejo metro el mismo extraño del que se había enamorado el domingo pasado. Sólo había un sitio. Al lado de ella. Él se sentó. La miró de reojo y sonrió. Su dulzura escondida tras unas gafas y el sonido de su pestañeo le hacían sentir bien, le hacían sentir vibraciones que se convertirían más tarde en mariposas. Y vino la parada de aquel extraño, se bajo del metro y continúo su camino con una sonrisa, sonrisa producida por aquella chica que leía en el metro. Ella no había levantado la vista ni un momento, las lineas de Jane Austen la tenían atrapada. Ella nunca sabría que aquel chico del que se había enamorado el último domingo había estado al lado suyo, que la había mirado de vez en cuando y que había sentido "algo".

Quizá nunca más se volverían a ver. O quizá sí. Dentro de unos días, meses o años. En el metro, en el parque o en una cafetería. 

No sé si existe el destino, pero está bien creer en él.

4 de junio de 2013

Diecinueve



Diecinueve

I don't wanna be told to grow up and I don't wanna change.

¿Qué son diecinueve años si los comparamos con todos los que me quedan por vivir? Nada, aunque para mi ha sido un bonito aprendizaje, quizás no el mejor pero me ha convertido en quien soy hoy y aunque suene narcisista cada día me estoy enamorando más de mi misma. Y en realidad está bien.

Hace justamente un año estaba asustada por los dieciocho ¿y sabéis qué? Ha sido una edad increíble. He hecho cosas que nunca hubiera pensado hacer, he vivido momentos maravillosos y en mi vida han entrado personas a las que les voy a obligar a quedarse. Y como siempre digo, he crecido como persona, pero lo realmente importante es que no he perdido mi esencia. Sigo siendo la misma chica de flequillo algo tímida al principio, pero un terremoto cuando cojo confianza. Y por mucho tiempo que pase, quiero que eso se mantenga en mi.

Si el año pasado estaba asustada como he dicho, este año no quiero dejar los dieciocho. Después de los diecinueve vienen rápidamente los veinte, veintiuno y bueno, ya sabéis como sigue. No estoy preparada para vivir como una persona adulta ¡si mi madre me sigue pelando la fruta!. Pero vale, tendré que hacerme a la idea de que el tiempo pasa y que la pastilla de la eterna juventud aun no existe. Lo único bueno es que la gente siempre piensa que tengo cuatro años menos y ¡aleluya!, si esto continúa así he encontrado la forma de alargar mi juventud sin necesidad de pastillas mágicas.

Sólo pido 365 días con una versión mía de diecinueve años (el próximo año no es bisiesto ¿no?) llenos de aventuras. Y con aventuras me refiero a aventuras a mi medida, es decir, pequeñas y sin mucho riesgo, que yo no soy nada aventurera, sólo os digo que me da miedo tirarme de toboganes muy altos.

Diecinueve, allá voy.

4 de mayo de 2013

Antes de que se oxide



Antes de que se oxide

Las personas inseguras, que les da miedo el exterior, tienden a encerrarse en una jaula. Esta jaula suele ser pequeña. Satisface las necesidades primarias, te protege del dolor, pero no deja que llegues a una felicidad plena, siempre es una felicidad vacía. Por eso, antes de que la cerradura se oxide lo suficiente para no poder abrir nunca más la puerta, tienes que salir de ese pequeño agujero. Esta salida no tiene que hacerse con pequeños pasos ya que el miedo se alargará y habrá un momento en el que volverás atrás para encerrarte otra vez en la jaula. La salida tiene que ser de golpe, como quien salta desde un acantilado al vacío, pero en vez de saltar y dejarte caer, tienes que volar hacia arriba. Subir, subir y olvidarte de la idea de que en el cielo está el límite. Subir y caer de vez en cuando un poco, para recordar lo alto que estas. Y una vez que hayas encontrado lo que para ti es la felicidad plena, mantente ahí. No quieras subir más, porque la avaricia rompe el saco y posiblemente si te elevas más de lo que debes, descenderás y la caída será demasiado fuerte.

Todos hemos nacido para volar. Hay gente que abre sus alas desde el día que nace y hay gente que muere con alas que siempre han estado cerradas. Si tú aún no las has abierto, atrévete a extenderlas, a perseguir tus sueños, a enseñarle al mundo tu precioso vuelo.

Y recuerda, en la jaula se está bien pero en el exterior... mucho mejor.

13 de abril de 2013

Abril



Abril

Primavera. Todas las flores brillaban, mostraban al mundo su belleza. Todas, excepto ella. 

Abril iba caminando hacia el instituto, con la cabeza baja, cuando se dio cuenta de una cosa: estaba cansada. Cansada de no ser elegida, cansada de no ser aquella chica en la que gente se fija, cansada de estar siempre detrás. Buscó en su mochila su iPod, se colocó los cascos y puso en reproducción I feel pretty/unpretty. Modo de repetición. Las notas de esa dulce melodía sonaban una y otra vez en su cabeza. ¿Por qué había chicas que nacían guapas y con talento? ¿Por qué ella no? Las primeras lágrimas corrieron por su mejilla. Lágrimas llenas de complejos. "Estoy bien, estoy acostumbrada", se dijo a si misma.

Llegó al instituto y directamente fue al baño. Esperó que saliera la chica rubia que se maquillaba y una vez sola, se miró al espejo. Observó su flequillo desenfadado que la protegía, observó sus ojos llenos de lágrimas y así prosiguió con cada una de sus partes del cuerpo. Después, se lavó la cara. Se recogió su media melena en una coleta baja. Se volvió a mirar al espejo de aquel sucio baño de instituto.

"Mírate. Sí, esa eres tú." dijo en voz lo suficiente alta para oírse a si misma. "Es horrible esa sensación de temer al espejo, de tener miedo a la persona reflejada. A veces, me entran náuseas. Ganas de morirme. Me animo a mi misma diciéndome que ya llegará alguien a quien le guste pero pasan los meses y yo sigo igual, siempre detrás, sin nadie que me diga que le hago sentir bien. " Cerró los ojos, los volvió a abrir y se miró de nuevo. "Admito que me escondo, que no me implico en la vida. Y cada día estoy más convencida de que ese es mi problema. Construyo muros y no dejo a la gente acercarse. Si no les dejo pasar, no me conocerán. Si no me conocen, no conseguiré gustar a nadie. Y si no le gusto a nadie, volveré a sentir las náuseas otra vez. Y es un círculo vicioso del que necesito salir."

Abril respiró hondo, volvió a repetirse sus reflexiones para si misma y se prometió salir de ese maldito círculo. Quizás no hoy, ni mañana. Pero iba a escapar de él. Sonrió. Salió del baño. Entró en clase diecisiete minutos tarde.

Y es que Abril era una chica sencilla, no de esas que vas por la calle y te fijas, pero de alguna forma, era especial. 

26 de marzo de 2013

Yo de mayor quiero ser feliz




Yo de mayor quiero ser feliz

Sin excepción, a todos se nos ha presentado alguna vez esta pregunta: ¿Qué quieres ser de mayor? ¿Recordáis lo que solías responder? Yo recuerdo que decía que quería ir a la escuela de Bellas Artes, como mi madre. Más adelante, el periodismo llamó mi atención. Comunicación audiovisual, magisterio infantil y otras cosas varias se me plantearon como futuro. Pero al final, acabé en psicología. No sé muy bien en que momento tome la decisión y tampoco tengo nada claro que quiera que ese sea mi futuro. Pero ahí estoy.

Mi problema siempre ha sido que no me gusta la idea de que la vida sólo se pueda vivir una vez. Estaría bien poder vivir muchas veces y tener muchas oportunidades para ser todo aquello que queremos ser. 

Y sí, tengo la solución para esta idea que tanto me atormenta. Creo que tengo actitud. Me falta el coraje, pero la actitud la tengo. Y he decidido vivir todas esas vidas con las que sueño, a pequeña escala, pero las quiero vivir. Quería estudiar Bellas Artes, así que dibujo, bien, mal, que más da, lo importante es que lo hago. ¿Periodismo? Escribo, creo que este blog lo confirma. Mi ordenador esta lleno de documentos con historias a medio contar y sí, algún día escribiré un libro. O quizás un guión para una película, quien sabe. Comunicación audiovisual la práctico a base de vídeos caseros y el programa de editar que viene con el ordenador y lo admito, es chapucero, pero me apasiona. Los protagonistas de mis domingos son los niños pequeños,  la carrera de magisterio la tengo ya más que sacada. Y voy a ser psicóloga, una especie de personita que enseña a ser felices a aquellos que la tristeza les gano un pulso, sin contar otros muchos ámbitos de los que se encarga esta ciencia (espera, ¿la psicología es una ciencia o no? Da igual, yo me entiendo.)

Tengo ambiciones, lo sé. Pero hace un tiempo que comprendí que no quiero ser una mujer florero a la que le regalen todo. Quiero hacer grandes cosas. Quiero ser alguien a quien se le recuerde. No quiero que me hagan una estatua ni nada de eso (aunque me molaría que le pusieran a una calle mi nombre). Quiero que la gente simplemente diga: "Si Dalila hizo esto, yo también puedo hacerlo". Quiero inspirar a las futuras generaciones. Quiero ser ¿una heroína? No sé si pido mucho. Bueno, sí, lo sé. Pido mucho. Pero por ejemplo, los escritores mueren y se siguen escribiendo libros. Esto es porque surgen nuevo escritores. Lógico ¿no?. Lo que quiero decir es que si se van a necesitar nuevos escritores ¿por qué no puedo yo soñar con "ese puesto"? Quien sabe, igual tú que estás leyendo esto descubres la cura del cáncer. Alguien lo tiene que hacer y podemos soñar con ser nosotros ¿no?

Cuando fui a la escuela me preguntaron qué quería ser de mayor y yo contesté: "feliz". John Lennon.

11 de marzo de 2013

Hojas de un diario



Hojas de un diario


Queridísimo diario,

Hoy he recibido una carta que ha resultado no ser una horrible factura. Echaba de menos esa sensación de no tener que abrir el correo con cara de estreñida mientras rezo para que la cifra a pagar no sea muy alta. Era de color verde, la carta digo, las facturas son blancas y con muchos números. Bueno, pues que era verde y más que una carta, era un panfleto que me intentaba vender un piso en la playa. Es maravilloso pensar que la persona que me ha metido ese panfleto verde se le ha pasado por la cabeza en un determinado momento que yo podía ser la típica mujer con mechas californianas que lleva sobreros de paja y gafas mosca que podría permitirse un maravilloso apartamento en la costa. Pues no, se ha equivocado. Tiraré el panfleto a la basura. O quizás haga un avión de papel y lo tire por la ventana. Mejor no, no quiero que Green Peace toque a mi puerta gritando cosas feas para que se enteren todos los vecinos. Contenedor azul, ahí será donde tire el panfleto verde de pisos.

Yo realmente estaba escribiendo esto por otras razones, no por mi correo, sé que es interesante pero escribir más de un párrafo sobre él me parece excesivo. Pues eso, que tengo otras cosas que contar. Tengo novio. Sí, estás escuchando bien. Sé que los diarios no escuchan pero suena más... cómo lo diría... ¿poético? Sí, poético. Bueno pues que suena más poético decirlo así. Repito para que no te pierdas. Tengo novio. Sí, estás escuchando bien (¿ves que bien queda?). Y no, no es un objeto inanimado como las otras veces. Yo sigo amando con locura a mi reloj que tantos horas trabajadas junto a mi horrible jefe me costó pero necesito alguien de carne y hueso, supongo que se entenderán las razones y si no te las imaginas. Es un chico que trabaja en Starbucks de pelo rizado, ojos verdes y sonrisa graciosa. El otro día cuando me dio mi café me miro. Estoy tan emocionada. Claro, él no lo sabe. Sólo me hace falta ir unas veinte veces más para que se de cuenta de mis intenciones y si no lo pilla se lo diré directamente. Será en plan: 
- ¿Que deseas? Tenemos café corto, largo, cappuccino (o como se escriba), chocolate, ... 
- Salir contigo.

Seguro que contesta que sí. Y si me dice que no pues no volveré a ese Startbucks, me encerraré en mi diminuto piso, empezaré a fumar de un cigarro eléctrico de esos que echan humo y son muy graciosos y acabaré con todas las botellas de agua que haya por casa. Y cuando se gasten, empezaré a beber agua del grifo. Igual muero de intoxicación y mi familia no se enterará hasta que mi cadáver huela tan mal que los vecinos se den cuenta. Pero estoy convencida que dirá que sí.

Tengo muchas otras cosas que contarte pero continuaré mañana. Ahora tengo que mirar por la ventana. Creo que mi vecino de enfrente engaña a su mujer todos los lunes a esta hora. A no ser que la mujer se ponga una peluca pelirroja y haga bailes guarros de esos. Deberían correr la cortina. Como se siga repitiendo, me plantearé enviarle un post-it amarillo a su mujer diciéndoselo. Igual esa mujer es la tía de mi novio de Starbucks y le hablaría bien de mi diciéndole que la he salvado de un marido al que le gusta verse con una pelirroja más joven y guapa que ella. Entonces él me vería como una heroína al estilo Spiderman en chica, nos besaríamos bajo la lluvia y yo me evitaría tener que ir veinte veces al Starbucks y en el peor de los casos morir (cuyo proceso podrás escuchar más arriba si no lo recuerdas) (sí, he vuelto a utilizar escuchar, intento ser más poética).

Siempre tuya (aunque tenga novio).


17 de febrero de 2013

Años caóticos



Años caóticos

Un jueves cualquiera, ella salió de la ducha tatareando una canción que le había estado rondando toda la mañana por la cabeza. Se secó con su toalla de siempre, se vistió con unos pantalones estampados que compró hace unos días en un mercadillo y comenzó a cepillarse el pelo delante del espejo de la habitación de sus padres.

Su pelo estaba muy largo, quizá la vez que más largo lo había llevado. Este pequeño detalle le hizo darse cuenta de lo rápido que pasan los segundos, los minutos, las horas, los días, los meses e incluso, los años. Nostalgia, eso fue lo que sintió. Echaba de menos beber el zumo de naranja con pajita, echaba de menos jugar con su hermano a que eran estrellas del rock.

Ella sonrió. No hacía falta echar la mirada tan atrás para darse cuenta de cuanto había cambiado. Simplemente en dos años, en 365 días multiplicados por dos, en ese pequeño pero gran periodo de su vida, había pasado de estar perdida a estar en el que ella creía el camino correcto. Había perdido a personas en el camino, algunas a las que echaba de menos dos veces por semana como mínimo y otras a las que pagaría para que no se las volviera a cruzar. Pero también había ganado a muchas otras, personas maravillosas que le habían guiado cada uno de sus pasos.

Además, ella era consciente de todos sus errores del pasado pero estaba segura de que muchos, los volvería a repetir. Quien sabe, igual sin todas esas meteduras de pata ella no sería como es ahora y si la mierda le había hecho más fuerte, bienvenida era en su vida.        

Terminó de arreglarse el pelo con tres minutos de secador y con otros dos para planchar el flequillo. Bajó a la cocina para almorzar algo de fruta. Miró por la ventana mientras se pelaba una mandarina. El cartero repartía las cartas, el vecino de enfrente tendía la ropa. Y ella seguía añorando aquellos años caóticos en los que lo único que le preocupaba era no llenarse los zapatos de tierra.                                                                    

2 de febrero de 2013

Defectos



Defectos

¿Qué es un defecto? Un diccionario cualquiera dirá que es una ''imperfección'', es decir, falta de perfección. Pero ¿qué es la perfección? La perfección se define como la falta de error, la falta de defectos. Puede parecer una clase vaga de lengua pero mi verdadera intención es escribir algo que siempre me ha preocupado y quiero buscarle alguna solución.

Nacemos, crecemos un poco y las opiniones positivas nos rodean. Todo el mundo nos dice lo buenos que somos, que podemos hacer todo lo que nos propongamos, nos construyen una autoestima que está por los cielos. Seguimos creciendo, las criticas cada vez son más negativas, cada vez somos seres más sociables y las comparaciones aumentan, el yo ideal nos presiona. Hechos que hacen que nuestra autoestima baje en ascensor hasta el subsuelo. 

Una comparación interesante para tratar son los defectos físicos frente a los defectos psicológicos (con psicológico me refiero a algo que no nos gusta de nuestra personalidad, no encuentro otra forma de definirlo). Los primeros predominan frente a los segundos, siempre. Y hay una respuesta clara a este fenómeno. Si algo no nos gusta de nuestra personalidad, no lo mostramos o lo cambiamos. Ojo, no digo que sea algo fácil. Si una persona es tímida, no puede cambiar su forma de ser de un día para otro. Que tampoco digo que la timidez sea algo malo, todo lo contrario, a mi personalmente me encanta, pero está menos aceptada en la sociedad. En resumidas cuentas, si, es más fácil cambiar estos aspectos que cualquier defecto físico que normalmente requieren dietas estrictas o la mayoría de veces cirugía. No voy a criticar a las operaciones estéticas, están ahí, nadie te obliga a utilizarlas y parece ser que muchas veces ayudan a la gente a ser un poquito más feliz. Pero desde mi punto de vista, antes de gastarse un gran puñado de euros y meterse en un quirófano asumiendo riesgos en vano, deberíamos aprender a querer nuestra parte que más odiamos y convencernos de que es parte de nosotros. Estoy convencida de que es una solución más barata y más eficaz.

Además, ¿hay alguien que dicte lo que es bello o lo que no es bello? ¿Y eso que no es bello tiene que ser un defecto que nos atormente? ¿Por qué los defectos que nos vemos en nosotros mismos tienen que ser imperfecciones? Sinceramente, me niego a creer en las definiciones que nos dan los diccionarios. 

Finalmente, me atrevería a decir que los defectos no existen, son una construcción social. Yo suelo decir que los defectos son en realidad virtudes que los demás no saben ver y como definición prestada digo que los defectos son aquello que nos hacen especial. Estaría bien que cada vez que conociéramos a alguien nos presentáramos diciendo: "Hey, soy Dalila y no me gusta mi nariz". Una fórmula fácil: "Hey + Nombre + Defecto de cualquier tipo". Quizás sea una idea tonta o quizás sea una idea alucinante que nos ayudaría a superar nuestros complejos. 

Además, si no nos queremos a nosotros mismos ¿cómo pretendemos que nos quieran los demás?