Hojas de un diario
Queridísimo diario,
Hoy he recibido una carta que ha resultado no ser una horrible factura. Echaba de menos esa sensación de no tener que abrir el correo con cara de estreñida mientras rezo para que la cifra a pagar no sea muy alta. Era de color verde, la carta digo, las facturas son blancas y con muchos números. Bueno, pues que era verde y más que una carta, era un panfleto que me intentaba vender un piso en la playa. Es maravilloso pensar que la persona que me ha metido ese panfleto verde se le ha pasado por la cabeza en un determinado momento que yo podía ser la típica mujer con mechas californianas que lleva sobreros de paja y gafas mosca que podría permitirse un maravilloso apartamento en la costa. Pues no, se ha equivocado. Tiraré el panfleto a la basura. O quizás haga un avión de papel y lo tire por la ventana. Mejor no, no quiero que Green Peace toque a mi puerta gritando cosas feas para que se enteren todos los vecinos. Contenedor azul, ahí será donde tire el panfleto verde de pisos.
Yo realmente estaba escribiendo esto por otras razones, no por mi correo, sé que es interesante pero escribir más de un párrafo sobre él me parece excesivo. Pues eso, que tengo otras cosas que contar. Tengo novio. Sí, estás escuchando bien. Sé que los diarios no escuchan pero suena más... cómo lo diría... ¿poético? Sí, poético. Bueno pues que suena más poético decirlo así. Repito para que no te pierdas. Tengo novio. Sí, estás escuchando bien (¿ves que bien queda?). Y no, no es un objeto inanimado como las otras veces. Yo sigo amando con locura a mi reloj que tantos horas trabajadas junto a mi horrible jefe me costó pero necesito alguien de carne y hueso, supongo que se entenderán las razones y si no te las imaginas. Es un chico que trabaja en Starbucks de pelo rizado, ojos verdes y sonrisa graciosa. El otro día cuando me dio mi café me miro. Estoy tan emocionada. Claro, él no lo sabe. Sólo me hace falta ir unas veinte veces más para que se de cuenta de mis intenciones y si no lo pilla se lo diré directamente. Será en plan:
- ¿Que deseas? Tenemos café corto, largo, cappuccino (o como se escriba), chocolate, ...
- Salir contigo.
Seguro que contesta que sí. Y si me dice que no pues no volveré a ese Startbucks, me encerraré en mi diminuto piso, empezaré a fumar de un cigarro eléctrico de esos que echan humo y son muy graciosos y acabaré con todas las botellas de agua que haya por casa. Y cuando se gasten, empezaré a beber agua del grifo. Igual muero de intoxicación y mi familia no se enterará hasta que mi cadáver huela tan mal que los vecinos se den cuenta. Pero estoy convencida que dirá que sí.
Tengo muchas otras cosas que contarte pero continuaré mañana. Ahora tengo que mirar por la ventana. Creo que mi vecino de enfrente engaña a su mujer todos los lunes a esta hora. A no ser que la mujer se ponga una peluca pelirroja y haga bailes guarros de esos. Deberían correr la cortina. Como se siga repitiendo, me plantearé enviarle un post-it amarillo a su mujer diciéndoselo. Igual esa mujer es la tía de mi novio de Starbucks y le hablaría bien de mi diciéndole que la he salvado de un marido al que le gusta verse con una pelirroja más joven y guapa que ella. Entonces él me vería como una heroína al estilo Spiderman en chica, nos besaríamos bajo la lluvia y yo me evitaría tener que ir veinte veces al Starbucks y en el peor de los casos morir (cuyo proceso podrás escuchar más arriba si no lo recuerdas) (sí, he vuelto a utilizar escuchar, intento ser más poética).
Siempre tuya (aunque tenga novio).

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