Me dejaste rara
Camino. Uno, dos, tres. Mis pies van solos. El mismo olor a calles mojadas suena en mi cabeza, el mismo tic-toc de reloj de pulsera retumba en mis frágiles huesos. Busco un árbol solitario para que ambos podamos hacernos compañía. Todo me trae recuerdos y como sonrío, significa que son buenos.
- Hola.
Levanto la vista, es él. Sus converse siguen igual de sucias y su pelo igual de rizado. En cambio sus ojos tienen un brillo diferente. Quizás está enamorado, enamorado de verdad. Sonrío y simplemente contesto:
- Hola.
Él me devuelve la sonrisa mientras tuerce la boca, siempre lo hacía y por lo que veo lo sigue haciendo. Sin preguntar se sienta a mi lado. Me observa.
- ¿Qué estás leyendo?
- Orgullo y prejuicio, por tercera vez.
Se ríe. Me río.
- Hacía tiempo que no te veía por aquí.
Me gustaría contestarle que no volví porque aquel césped me olía a demasiados besos y que preferí huir del dolor. Pero en cambio, me limito a no dar detalles.
- Tampoco lo he echado en falta, he encontrado otros lugares.
- Y has conocido a otra gente.
- Igual que tú.
El momento se destensa al segundo, nos echamos demasiado de menos para discutir. Él se levanta, mira hacia su grupo de amigos y seguidamente me dice:
- Me alegra verte por aquí, espero que vuelvas a coger esta costumbre.
Se va. Cierro los ojos. Respiro. El corazón me va a trescientos cuarenta y siete latidos por segundo. Me deja rara.