Días buenos, días malos
Todos tenemos días buenos y
desafortunadamente, también días malos. El problema es cuando estos últimos se
adueñan de tu rutina y no encuentras la forma de huir de ellos. Lees en miles
de sitios que sonreír es la solución y tú pasas de esos consejos. Piensas que
una sonrisa sin fundamento no es una sonrisa y entonces decides no malgastarla.
Necesitas algo que despierte tu corazón y al mismo tiempo que le ponga color a
tu vida, a tu historia. Quizás ese algo puede ser alguien, pero eso no depende
de ti… O sí. Sabes que la belleza se basa en la actitud, en la forma de ver la
vida, en una mirada que demuestre confianza. Pero el problema está en que en ti
no existe esa confianza, aunque pensándolo bien, igual te equivocas y si que
existe pero falta alguien que la despierte. Entonces te das cuenta que es
una historia circular, que si no tienes confianza, nadie podrá amarte pero sino
te ama nadie, no podrás tener esa confianza. Que fácil sería ir a la farmacia y
poder comprar cápsulas de autoestima, pero lo más parecido que venden son anti-depresivos
que van con receta médica y no creo que sean la mejor opción para tomarnos cuando
nos sentimos como una mierda. Así que tenemos que apechugar y buscar otros
medios para ser felices, para querernos y para encontrar a alguien que nos
quiera. Y nunca, nunca debemos perder la esperanza. Ya se perderá ella solita cuando estemos muertos. Y recuerda, vale, quizás sean días malos, pero son días
vividos en los que, aunque no nos demos cuenta, también somos felices de alguna
forma.

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