17 de febrero de 2013

Años caóticos



Años caóticos

Un jueves cualquiera, ella salió de la ducha tatareando una canción que le había estado rondando toda la mañana por la cabeza. Se secó con su toalla de siempre, se vistió con unos pantalones estampados que compró hace unos días en un mercadillo y comenzó a cepillarse el pelo delante del espejo de la habitación de sus padres.

Su pelo estaba muy largo, quizá la vez que más largo lo había llevado. Este pequeño detalle le hizo darse cuenta de lo rápido que pasan los segundos, los minutos, las horas, los días, los meses e incluso, los años. Nostalgia, eso fue lo que sintió. Echaba de menos beber el zumo de naranja con pajita, echaba de menos jugar con su hermano a que eran estrellas del rock.

Ella sonrió. No hacía falta echar la mirada tan atrás para darse cuenta de cuanto había cambiado. Simplemente en dos años, en 365 días multiplicados por dos, en ese pequeño pero gran periodo de su vida, había pasado de estar perdida a estar en el que ella creía el camino correcto. Había perdido a personas en el camino, algunas a las que echaba de menos dos veces por semana como mínimo y otras a las que pagaría para que no se las volviera a cruzar. Pero también había ganado a muchas otras, personas maravillosas que le habían guiado cada uno de sus pasos.

Además, ella era consciente de todos sus errores del pasado pero estaba segura de que muchos, los volvería a repetir. Quien sabe, igual sin todas esas meteduras de pata ella no sería como es ahora y si la mierda le había hecho más fuerte, bienvenida era en su vida.        

Terminó de arreglarse el pelo con tres minutos de secador y con otros dos para planchar el flequillo. Bajó a la cocina para almorzar algo de fruta. Miró por la ventana mientras se pelaba una mandarina. El cartero repartía las cartas, el vecino de enfrente tendía la ropa. Y ella seguía añorando aquellos años caóticos en los que lo único que le preocupaba era no llenarse los zapatos de tierra.                                                                    

2 de febrero de 2013

Defectos



Defectos

¿Qué es un defecto? Un diccionario cualquiera dirá que es una ''imperfección'', es decir, falta de perfección. Pero ¿qué es la perfección? La perfección se define como la falta de error, la falta de defectos. Puede parecer una clase vaga de lengua pero mi verdadera intención es escribir algo que siempre me ha preocupado y quiero buscarle alguna solución.

Nacemos, crecemos un poco y las opiniones positivas nos rodean. Todo el mundo nos dice lo buenos que somos, que podemos hacer todo lo que nos propongamos, nos construyen una autoestima que está por los cielos. Seguimos creciendo, las criticas cada vez son más negativas, cada vez somos seres más sociables y las comparaciones aumentan, el yo ideal nos presiona. Hechos que hacen que nuestra autoestima baje en ascensor hasta el subsuelo. 

Una comparación interesante para tratar son los defectos físicos frente a los defectos psicológicos (con psicológico me refiero a algo que no nos gusta de nuestra personalidad, no encuentro otra forma de definirlo). Los primeros predominan frente a los segundos, siempre. Y hay una respuesta clara a este fenómeno. Si algo no nos gusta de nuestra personalidad, no lo mostramos o lo cambiamos. Ojo, no digo que sea algo fácil. Si una persona es tímida, no puede cambiar su forma de ser de un día para otro. Que tampoco digo que la timidez sea algo malo, todo lo contrario, a mi personalmente me encanta, pero está menos aceptada en la sociedad. En resumidas cuentas, si, es más fácil cambiar estos aspectos que cualquier defecto físico que normalmente requieren dietas estrictas o la mayoría de veces cirugía. No voy a criticar a las operaciones estéticas, están ahí, nadie te obliga a utilizarlas y parece ser que muchas veces ayudan a la gente a ser un poquito más feliz. Pero desde mi punto de vista, antes de gastarse un gran puñado de euros y meterse en un quirófano asumiendo riesgos en vano, deberíamos aprender a querer nuestra parte que más odiamos y convencernos de que es parte de nosotros. Estoy convencida de que es una solución más barata y más eficaz.

Además, ¿hay alguien que dicte lo que es bello o lo que no es bello? ¿Y eso que no es bello tiene que ser un defecto que nos atormente? ¿Por qué los defectos que nos vemos en nosotros mismos tienen que ser imperfecciones? Sinceramente, me niego a creer en las definiciones que nos dan los diccionarios. 

Finalmente, me atrevería a decir que los defectos no existen, son una construcción social. Yo suelo decir que los defectos son en realidad virtudes que los demás no saben ver y como definición prestada digo que los defectos son aquello que nos hacen especial. Estaría bien que cada vez que conociéramos a alguien nos presentáramos diciendo: "Hey, soy Dalila y no me gusta mi nariz". Una fórmula fácil: "Hey + Nombre + Defecto de cualquier tipo". Quizás sea una idea tonta o quizás sea una idea alucinante que nos ayudaría a superar nuestros complejos. 

Además, si no nos queremos a nosotros mismos ¿cómo pretendemos que nos quieran los demás?

28 de diciembre de 2012

Es hora de volver a empezar ¿no?

Es hora de volver a empezar ¿no?

Hey, aquí estoy, enfrente de mi ordenador intentando pulsar las teclas correctas para escribir un texto más o menos decente que resuma un poco lo que ha sido mi año 2012.
¿Os acordáis de cómo os sentíais hace justamente un año? Yo lo recuerdo como si fuese ayer. Estaba confundida y además estaba a punto de cometer un gran error. También recuerdo todos los malos momentos que arrastraba por aquel tiempo porque desgraciadamente, en el corazón se quedan tallados los recuerdos que más duelen mientras que los buenos desaparecen de nuestra memoria más rápido.
El año pasado se me planteó una situación similar, yo escribiendo cualquier cosa que sonara bien para poder despedirme de otro año y también recuerdo que me fije un único propósito para el año nuevo y este era gustarme tal como soy. ¿Y sabéis qué? Creo que es la primera vez que cumplo un propósito. No sé si el tiempo me ha hecho más fuerte, si la gente me ha hecho sentirme más querida, si Glee me ha marcado demasiado o si simplemente he madurado. Bien, es verdad que tengo mis bajones que incluyen querer arrancarme la cara o algo parecido, pero la mayoría del tiempo soy capaz de mirarme al espejo y decir: “Me siento bien conmigo misma” y esto es importante.
También, recuerdo que pedí un año lleno únicamente de buenas momentos pero por lo que parece, nadie escucho mis peticiones y las cosas malas, de alguna forma y de distinta intensidad, han permanecido ahí. Pero las buenas también han estado, he conocido gente alucinante, he pasado buenos momentos con los de siempre, he ido al concierto de mi vida, uno más ha entrado en la familia y además, he mejorado como persona. Y ahora debería hacer también un balance de lo negativo, pero me niego a hacerlo. Los momentos malos han ido ligados a malas personas y estas no se merecen aparecer en estas líneas, así de sencillo.
Por último, mi propósito para año 2013 es tener el coraje de cumplir mis sueños y dejar de esconderlos en el armario, que al final van a morir asfixiados.
Año nuevo, vida nueva… Es hora de volver a empezar ¿no?



2 de diciembre de 2012

Días buenos, días malos.




Días buenos, días malos

Todos tenemos días buenos y desafortunadamente, también días malos. El problema es cuando estos últimos se adueñan de tu rutina y no encuentras la forma de huir de ellos. Lees en miles de sitios que sonreír es la solución y tú pasas de esos consejos. Piensas que una sonrisa sin fundamento no es una sonrisa y entonces decides no malgastarla. Necesitas algo que despierte tu corazón y al mismo tiempo que le ponga color a tu vida, a tu historia. Quizás ese algo puede ser alguien, pero eso no depende de ti… O sí. Sabes que la belleza se basa en la actitud, en la forma de ver la vida, en una mirada que demuestre confianza. Pero el problema está en que en ti no existe esa confianza, aunque pensándolo bien, igual te equivocas y si que existe pero falta alguien que la despierte. Entonces te das cuenta que es una historia circular, que si no tienes confianza, nadie podrá amarte pero sino te ama nadie, no podrás tener esa confianza. Que fácil sería ir a la farmacia y poder comprar cápsulas de autoestima, pero lo más parecido que venden son anti-depresivos que van con receta médica y no creo que sean la mejor opción para tomarnos cuando nos sentimos como una mierda. Así que tenemos que apechugar y buscar otros medios para ser felices, para querernos y para encontrar a alguien que nos quiera. Y nunca, nunca debemos perder la esperanza. Ya se perderá ella solita cuando estemos muertos. Y recuerda, vale, quizás sean días malos, pero son días vividos en los que, aunque no nos demos cuenta, también somos felices de alguna forma.


2 de noviembre de 2012

Hola, ¿qué tal?



Hola, ¿qué tal?

Hola,
¿Qué tal? Yo estoy bien, sí, bien. Las cosas continúan igual, siguen sin gustarme la coca-cola y los chicles de menta. Lo único que quizás haya cambiado en mi sea mi pelo, ha crecido ¿sabes? Ahora está muy largo y algo bonito, aunque mi flequillo sigue igual de rebelde. He pensado varias veces en echármelo de lado o hacerle algo “raro” pero no se, me da pena acabar con el flequillo recto que tanto me ha caracterizado. ¿Y tú? Supongo que sigues igual, con tus bromas, con tu espíritu libre y con tus canciones. He oído que estas con otra, con otra chica mucho más agradable que yo. Ya está, ya lo he dicho. No sabía como introducirlo pero ahí está. No te culpo, no te dí nada y tú buscaste otras alternativas. Y no me arrepiento, porque prefiero que tus mentiras se las coma otra ¿sabes? Pretendía ser simpática pero me doliste tanto que se me hace imposible. Es gracioso, ¿conoces el dicho que dice que del amor al odio solo hay un paso? Pues a mi se me aplicó bastante rápido. Y no, no te escribo solo para echarte una especie de bronca, la discusión ya fue cuando tuvo que ser y las palabras teñidas de odio se quedaron ahí. Te escribo para felicitarte por tu nueva vida, te escribo para darte las gracias por haberme dejado ahí tirada y hacerme ver que únicamente me conquistaste con mentiras, te escribo para decirte que no te echo de menos, te escribo para decirte que soy feliz, aquí, sin ti.