27 de octubre de 2012

Frío.



Frío

Era una tarde de sábado, hacía frío y su corazón estaba perdido. Estaba demasiado débil para salir de las sábanas. Le gustaba demasiado la oscuridad para subir la persiana. Sin embargo, no tenía ganas de llorar. No, no estaba triste. Sentía rabia, mucha rabia. Y para combatirla, cantaba. Cantaba cualquier canción que pasaba por su cabeza. Cantaba bajito, cantaba fuerte. Cantaba mal, muy mal. Pero su voz estaba llena de sentimientos. No era capaz de llamarle y decirle la verdad, así que había aprendido a expresarse así.

Se sentía culpable y la peor persona del mundo. Buscaba la marcha atrás del tren que había tomado pero por más que lo intentaba, no era lo suficiente valiente para darle a los botones adecuados. Tenía frío, mucho frío. Quiere cambiar, quiere mejorar, quiere poder ser aquella que nunca será. Seguía teniendo frío. Los recuerdos le pesan demasiado. Demasiado esfuerzo para desterrarlos. Quiere cambiarlo de lugar. Quiere que ya no sea imprescindible, quiere que sea únicamente una fotografía vieja.

Su cuerpo tiembla al son de sus canciones, las sábanas no le dan el calor que necesita. Muere en cada segundo que pasa, muere en cada nota que canta. Sigue cantando mal. Sigue teniendo frío. Sigue echándole de menos.


No hay comentarios:

Publicar un comentario