Frío
Era una tarde de sábado, hacía frío y su
corazón estaba perdido. Estaba demasiado débil para salir de las sábanas. Le
gustaba demasiado la oscuridad para subir la persiana. Sin embargo, no tenía
ganas de llorar. No, no estaba triste. Sentía rabia, mucha rabia. Y para
combatirla, cantaba. Cantaba cualquier canción que pasaba por su cabeza.
Cantaba bajito, cantaba fuerte. Cantaba mal, muy mal. Pero su voz estaba llena
de sentimientos. No era capaz de llamarle y decirle la verdad, así que había
aprendido a expresarse así.
Se sentía culpable y la peor persona del
mundo. Buscaba la marcha atrás del tren que había tomado pero por más que lo
intentaba, no era lo suficiente valiente para darle a los botones adecuados. Tenía
frío, mucho frío. Quiere cambiar, quiere mejorar, quiere poder ser aquella que
nunca será. Seguía teniendo frío. Los recuerdos le pesan demasiado. Demasiado
esfuerzo para desterrarlos. Quiere cambiarlo de lugar. Quiere que ya no sea
imprescindible, quiere que sea únicamente una fotografía vieja.
Su cuerpo tiembla al son de sus canciones,
las sábanas no le dan el calor que necesita. Muere en cada segundo que pasa,
muere en cada nota que canta. Sigue cantando mal. Sigue teniendo frío. Sigue
echándole de menos.

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