24 de junio de 2013

La chica que vigila las carteras




La chica que vigila las carteras

Su problema es que no se implica en la vida, en general. Simplemente, se encuentra apartada, mirando a los demás. Retiene información pero no participa. No suele ser la chica a la que eligen. Y si lo hacen, sale corriendo. Su amor no está venta y mucho menos en alquiler. Es un amor en ruinas, no merece la pena pagar por él con caricias o bienes de ese estilo. Demasiado tímida incluso para regalarlo a cualquiera que le guste trasnochar. Quizá sea una chica de locuras, pero de locuras a pequeña escala y muy suyas. También suele ser la chica con la que puedes pasar un buen rato de risas en un banco, pero no desearías despertarte a su lado todas las mañanas. Porque ha perdido la cuenta de las veces que le han dicho “eres la mejor” pero los te quiero puede contarlos con los dedos de una mano.

No le disgusta su forma de ser ni como le hacen frente las personas de su alrededor, aunque un poco más de valor para hacer caso al conocido Carpe Diem no estaría mal. Nick Miller dijo una vez: “si todo el mundo va a la playa y se tira al agua, yo me quedo vigilando las carteras”. Y esta frase podría ir perfectamente escrita en su ADN.

14 de junio de 2013

3 de mayo, en un metro cualquiera




3 de mayo, en un metro cualquiera.

Del amor sabía lo que había leído en las novelas que le regalaba su padre cada mes. Orgullo y prejuicio, sin duda, era la que más le había marcado. Pero aunque compartiera la idea de que las primeras impresiones no siempre son buenas y que muchas veces lo amargo esconde lo dulce, creía también en el amor a primera vista. Cruzarse con un desconocido una tarde de domingo y enamorarse en ese mismo momento no lo veía raro. Quizá nunca más se cruzaría con ese extraño pero las vibraciones que le había trasmitido se convertían en mariposas que no le dejaban dormir durante los tres días siguientes. Y enamorarse de esta forma, se había convertido en su rutina.

Un 3 de mayo, ella estaba en el metro, leyendo por quinta vez el libro dicho más arriba y sólo levantaba la vista para asegurarse que su parada no había pasado. ¿Casualidad? ¿Estaría escrito? No lo sé. Sólo sé que entró en aquel viejo metro el mismo extraño del que se había enamorado el domingo pasado. Sólo había un sitio. Al lado de ella. Él se sentó. La miró de reojo y sonrió. Su dulzura escondida tras unas gafas y el sonido de su pestañeo le hacían sentir bien, le hacían sentir vibraciones que se convertirían más tarde en mariposas. Y vino la parada de aquel extraño, se bajo del metro y continúo su camino con una sonrisa, sonrisa producida por aquella chica que leía en el metro. Ella no había levantado la vista ni un momento, las lineas de Jane Austen la tenían atrapada. Ella nunca sabría que aquel chico del que se había enamorado el último domingo había estado al lado suyo, que la había mirado de vez en cuando y que había sentido "algo".

Quizá nunca más se volverían a ver. O quizá sí. Dentro de unos días, meses o años. En el metro, en el parque o en una cafetería. 

No sé si existe el destino, pero está bien creer en él.

4 de junio de 2013

Diecinueve



Diecinueve

I don't wanna be told to grow up and I don't wanna change.

¿Qué son diecinueve años si los comparamos con todos los que me quedan por vivir? Nada, aunque para mi ha sido un bonito aprendizaje, quizás no el mejor pero me ha convertido en quien soy hoy y aunque suene narcisista cada día me estoy enamorando más de mi misma. Y en realidad está bien.

Hace justamente un año estaba asustada por los dieciocho ¿y sabéis qué? Ha sido una edad increíble. He hecho cosas que nunca hubiera pensado hacer, he vivido momentos maravillosos y en mi vida han entrado personas a las que les voy a obligar a quedarse. Y como siempre digo, he crecido como persona, pero lo realmente importante es que no he perdido mi esencia. Sigo siendo la misma chica de flequillo algo tímida al principio, pero un terremoto cuando cojo confianza. Y por mucho tiempo que pase, quiero que eso se mantenga en mi.

Si el año pasado estaba asustada como he dicho, este año no quiero dejar los dieciocho. Después de los diecinueve vienen rápidamente los veinte, veintiuno y bueno, ya sabéis como sigue. No estoy preparada para vivir como una persona adulta ¡si mi madre me sigue pelando la fruta!. Pero vale, tendré que hacerme a la idea de que el tiempo pasa y que la pastilla de la eterna juventud aun no existe. Lo único bueno es que la gente siempre piensa que tengo cuatro años menos y ¡aleluya!, si esto continúa así he encontrado la forma de alargar mi juventud sin necesidad de pastillas mágicas.

Sólo pido 365 días con una versión mía de diecinueve años (el próximo año no es bisiesto ¿no?) llenos de aventuras. Y con aventuras me refiero a aventuras a mi medida, es decir, pequeñas y sin mucho riesgo, que yo no soy nada aventurera, sólo os digo que me da miedo tirarme de toboganes muy altos.

Diecinueve, allá voy.

4 de mayo de 2013

Antes de que se oxide



Antes de que se oxide

Las personas inseguras, que les da miedo el exterior, tienden a encerrarse en una jaula. Esta jaula suele ser pequeña. Satisface las necesidades primarias, te protege del dolor, pero no deja que llegues a una felicidad plena, siempre es una felicidad vacía. Por eso, antes de que la cerradura se oxide lo suficiente para no poder abrir nunca más la puerta, tienes que salir de ese pequeño agujero. Esta salida no tiene que hacerse con pequeños pasos ya que el miedo se alargará y habrá un momento en el que volverás atrás para encerrarte otra vez en la jaula. La salida tiene que ser de golpe, como quien salta desde un acantilado al vacío, pero en vez de saltar y dejarte caer, tienes que volar hacia arriba. Subir, subir y olvidarte de la idea de que en el cielo está el límite. Subir y caer de vez en cuando un poco, para recordar lo alto que estas. Y una vez que hayas encontrado lo que para ti es la felicidad plena, mantente ahí. No quieras subir más, porque la avaricia rompe el saco y posiblemente si te elevas más de lo que debes, descenderás y la caída será demasiado fuerte.

Todos hemos nacido para volar. Hay gente que abre sus alas desde el día que nace y hay gente que muere con alas que siempre han estado cerradas. Si tú aún no las has abierto, atrévete a extenderlas, a perseguir tus sueños, a enseñarle al mundo tu precioso vuelo.

Y recuerda, en la jaula se está bien pero en el exterior... mucho mejor.

13 de abril de 2013

Abril



Abril

Primavera. Todas las flores brillaban, mostraban al mundo su belleza. Todas, excepto ella. 

Abril iba caminando hacia el instituto, con la cabeza baja, cuando se dio cuenta de una cosa: estaba cansada. Cansada de no ser elegida, cansada de no ser aquella chica en la que gente se fija, cansada de estar siempre detrás. Buscó en su mochila su iPod, se colocó los cascos y puso en reproducción I feel pretty/unpretty. Modo de repetición. Las notas de esa dulce melodía sonaban una y otra vez en su cabeza. ¿Por qué había chicas que nacían guapas y con talento? ¿Por qué ella no? Las primeras lágrimas corrieron por su mejilla. Lágrimas llenas de complejos. "Estoy bien, estoy acostumbrada", se dijo a si misma.

Llegó al instituto y directamente fue al baño. Esperó que saliera la chica rubia que se maquillaba y una vez sola, se miró al espejo. Observó su flequillo desenfadado que la protegía, observó sus ojos llenos de lágrimas y así prosiguió con cada una de sus partes del cuerpo. Después, se lavó la cara. Se recogió su media melena en una coleta baja. Se volvió a mirar al espejo de aquel sucio baño de instituto.

"Mírate. Sí, esa eres tú." dijo en voz lo suficiente alta para oírse a si misma. "Es horrible esa sensación de temer al espejo, de tener miedo a la persona reflejada. A veces, me entran náuseas. Ganas de morirme. Me animo a mi misma diciéndome que ya llegará alguien a quien le guste pero pasan los meses y yo sigo igual, siempre detrás, sin nadie que me diga que le hago sentir bien. " Cerró los ojos, los volvió a abrir y se miró de nuevo. "Admito que me escondo, que no me implico en la vida. Y cada día estoy más convencida de que ese es mi problema. Construyo muros y no dejo a la gente acercarse. Si no les dejo pasar, no me conocerán. Si no me conocen, no conseguiré gustar a nadie. Y si no le gusto a nadie, volveré a sentir las náuseas otra vez. Y es un círculo vicioso del que necesito salir."

Abril respiró hondo, volvió a repetirse sus reflexiones para si misma y se prometió salir de ese maldito círculo. Quizás no hoy, ni mañana. Pero iba a escapar de él. Sonrió. Salió del baño. Entró en clase diecisiete minutos tarde.

Y es que Abril era una chica sencilla, no de esas que vas por la calle y te fijas, pero de alguna forma, era especial.